No encuentro apelativos y se me escapa todo atisbo de poesía. La palabra es ahora una entidad tan o más abstracta que el pensamiento silenciado. Puedo decir: te quiero y aún así no completo el sentido de las cosas. Todo cobra vida, de repente, el rojo quiere enrojecer más, el verde enardece en sulfurosas gamas verdosas, el azul sueña con ser cielo en superlativo. Sos el fundamento. Me enseñás que el dolor, la alegría y el resto de las variantes nunca son estados abstractos, todo tiene su instrumento, y así, hacés brotar melodías de mis pesares, del gris intenso rescatás un pájaro sin alas, del pájaro sin alas, rescatás el revoloteo del alma, del revoloteo del alma hacés una escultura.
Todo lo llevás a su extremo o a su justa medida. Te empeñás, Eugenia, en seguir rescatando del lodo al diamante, te empeñás en darle a cada color el tiempo que se merece, la pena en tus manos es reversible, el derecho y el revés no tienen lugar asignado. Soñás, Eugenia, con sublimar las cosas inútilmente, cuando lo único sublime es tu esencia. Basta con creer en vos para sentirse infinito, esto es más o menos lo que me provocás…
Todo lo llevás a su extremo o a su justa medida. Te empeñás, Eugenia, en seguir rescatando del lodo al diamante, te empeñás en darle a cada color el tiempo que se merece, la pena en tus manos es reversible, el derecho y el revés no tienen lugar asignado. Soñás, Eugenia, con sublimar las cosas inútilmente, cuando lo único sublime es tu esencia. Basta con creer en vos para sentirse infinito, esto es más o menos lo que me provocás…

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